
Carrera de Matabuena : mucho más que 5 kilómetros
Hay carreras que se corren contra el reloj. Y hay otras que se corren contra el paso del tiempo.
La Carrera Popular de Matabuena pertenece, sin duda, a las segundas.
En 2012, Alberto tuvo una idea: convertir unas fiestas de pueblo en algo más y juntar a vecinos, amigos, familias y visitantes alrededor de una carrera popular. Una idea sencilla que, con el paso de los años, se ha convertido en una pequeña parte de la historia de Matabuena.
Desde entonces han pasado muchos veranos. Han cambiado las personas, han crecido los niños que entonces miraban desde la acera, algunos se han marchado y otros han vuelto. Han aparecido nuevas generaciones y también hemos echado de menos a quienes ya no están. Pero durante un rato, cada verano, Matabuena vuelve a encontrarse.
El recorrido es el mismo. Nosotros no.
Cinco kilómetros pueden parecer pocos. Pero por las calles y caminos de Matabuena esos cinco kilómetros llevan mucho más que esfuerzo físico. Llevan recuerdos. Llevan conversaciones antes de la salida, nervios, risas, carreras de niños, amigos que se animan unos a otros y personas que quizá no corren habitualmente, pero que ese día se ponen las zapatillas porque quieren formar parte de algo.
Y están también quienes no corren. Los que esperan en la calle. Los que aplauden. Los que hacen fotos. Los que animan a alguien por su nombre. Porque una carrera popular no la forman solamente quienes cruzan la línea de meta. La forman todas las personas que hacen posible que esa línea exista.
De una idea a una tradición
Quizá lo más bonito de esta carrera sea precisamente eso. Que una idea que nació hace más de una década haya conseguido convertirse en una tradición.
No sabemos exactamente qué pensaba Alberto cuando en 2012 imaginó la carrera por primera vez. Quizá simplemente quería hacer algo diferente durante las fiestas. Quizá quería reunir al pueblo. Quizá quería que los más jóvenes participaran. O quizá simplemente pensó: «¿Y por qué no hacemos una carrera?».
Lo que sí sabemos es que aquella idea funcionó. Y hoy, mirando atrás, podemos comprobar que algunas de las mejores tradiciones no nacen de grandes proyectos. Nacen de una conversación, de un grupo de amigos, de unas ganas de hacer algo juntos. Y se mantienen porque alguien, año tras año, decide continuar.
Quien coge el testigo
Porque las tradiciones no se sostienen solas: alguien tiene que recogerlas. Hace ya varios años, Miguel tomó el relevo de Alberto, y desde entonces se encarga de la organización de la carrera: las inscripciones, los permisos, los plazos… todo ese trabajo que no se ve, pero sin el cual no habría línea de salida.
Para él, además, la carrera tiene un componente personal, pues la empezó corriendo en homenaje a su suegro fallecido. Quizá por eso le dedica tanto esfuerzo.
A su lado, su cuñado Óscar coordina el día grande: el montaje y a todas las personas que hacen que la carrera funcione.
Y son muchas. Solo en la cocina son más de diez, y a ellas se suman quienes señalizan el recorrido, quienes reparten los dorsales, quienes recogen cuando todo ha terminado. Como dice el propio Miguel, la carrera no sería posible sin la inestimable ayuda del pueblo. A todos ellos, gracias.
Correr por algo más
Con el paso del tiempo, la carrera también ha adquirido un carácter solidario, apoyando diferentes causas y asociaciones. Y eso le ha dado todavía más sentido. Porque correr por uno mismo está bien. Pero correr pensando en otras personas convierte esos cinco kilómetros en algo diferente.
Cada paso cuenta. Cada participante cuenta. Cada aplauso cuenta. Y cada edición deja algo detrás.
¿Cuántas historias caben en una carrera?
Probablemente muchas más de las que imaginamos.
Está quien participó por primera vez y terminó pensando que no volvería a hacerlo. Está quien empezó corriendo con sus hijos y ahora corre con ellos ya mayores. Está quien cada año intenta mejorar su tiempo. Está quien no mira el reloj. Está quien llega último y recibe exactamente los mismos aplausos que el primero. Y está quien quizá un día corrió y hoy solamente puede mirar desde fuera.
Todos forman parte de la historia. Porque una carrera popular no se mide solamente en minutos y segundos. Se mide en recuerdos.
Matabuena también corre
Más de una década después de aquella primera edición, quizá merece la pena detenerse un momento y mirar hacia atrás. Acordarnos de quien tuvo aquella primera idea. De quienes prepararon el primer recorrido. De quien dio el primer pistoletazo de salida. Y de quienes, año tras año, han decidido que hubiera una edición más.
Porque las tradiciones no aparecen solas. Las construyen las personas.
Y quizá ese sea el verdadero valor de esta carrera. Que durante unos minutos, todos vamos en la misma dirección. Corriendo. Caminando. Animando. Recordando. Y, sobre todo, haciendo pueblo.
Porque al final, los cinco kilómetros terminan. Pero lo que permanece es haberlos compartido. Y eso, en un pueblo como Matabuena, vale mucho más que cualquier tiempo en la meta.









